Soledad

Por fin contigo, soledad.

Tu me criaste, tu me abrazaste, tu me consolaste en mi lejana infancia. Hoy vuelves a mi.

Son días difíciles para adorarte. Son tiempos tontos, son tiempos de wasap, de twitter y facebook. ¿Dónde cabes tu soledad?

Los hombres están nerviosos, ansiosos. Miran con ojos ávidos la pantalla de su teléfono, deseando la aprobación de los otros. Y sufren, mira cómo sufren. ¡Oh Soledad!. Mi querida soledad, los hombres ya no te conocen.

Cuanto tiempo, ¿Recuerdas?, si…no me he olvidado de ti. No he olvidado tus tibias caricias al anochecer y tu frío aliento a la mañana siguiente. Llegué a odiarte. Te repudié.

Los hombres están más solos que nunca pero no te conocen. No te aprecian, no te disfrutan. Una luz de led martillea su cerebro y sus retinas, ocupados con el continuo tic tac de sus  dedos, escribiendo y publicando basura. Se mueven, miran, escriben y miran otra vez a la pantalla con ojos brillantes.

Tratan de apagar su miseria con nuevos datos, nuevas noticias, excrementos de  última hora. Opiniones frugales, vacías. Desean el “like”, pero no lo tienen. Quieren y no pueden ser más. Anhelan ser queridos, aceptados, valorados. “Tic tac” escriben sus hábiles dedos.  Publicando y exhibiendo, como si a alguien le importara.

Muestran su epitelio, escamas que caen y crecen de nuevo. Caspa del hombre moderno que no tiene raices. Charcos de aguas poco profundas.

Seres enfermos, anulados por la inmediatez, por la frugalidad, por la bobería.

No me dejes, ¡Oh Soledad!, ayudame a no sucumbir a esta tentación. No quiero correr como cucaracha iluminada y asustada con ojos llorosos .

Tu me haces humano, sosiegas mi alma. No quiero dejar de ser.

Aleja de mi la luz de led. Trae de tu mano el papel, la luz de la vela, el rugir de un viento cargado de humedad, la Música, si… la Música con mayúscula.

Bríndame el murmullo infinito de un río, el crujir de las hojas secas al pisarlas, el aire frio en la punta de mi nariz.

Con un pie en cada mundo. Se desquebrajó  la tierra en dos y me quede mirando al abismo que se abrió entre mis piernas. Entre dos mundos, sin querer abandonar uno y sin poder dejar el otro.